La decisión de ser líder.


A uno no se le pide ser líder, más bien, uno decide ser líder. Uno toma esa elección ante un evento o fenómeno crítico y emprende el camino del liderazgo sabiendo que la apatía y la oposición serán parte de los desafíos de la transformación. Quien decide ser líder lo hace porque escucha la demanda de transformación y ve la tenue luz de la posibilidad. Dicha transformación, por regla, requiere de la participación de otros; si no, no sería necesario el liderazgo. Es en esa relación con los otros que estriba el fenómeno del liderazgo, porque esos otros pocas veces escuchan esa demanda o ven esa posibilidad. Quizás las personas se rehúsan a ver el elefante que hay en la sala por sus recalcitrantes prejuicios. Quizás se niegan a creer que un diluvio se avecina porque están entretenidas con sus vicios, responsabilidades, o necesidades diarias, lo que les impide ver que algo mayor, para bien o para mal, se avecina. Los verdaderos líderes son necesarios, son más que una bendición, y nunca, nunca actúan solos, pero la decisión de ser líderes, casi siempre se toma en la soledad. 



Dr. Carlos Noé Hernández
PhD en Liderazgo Organizacional, Regent U.
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